miércoles, 13 de mayo de 2009

EL VALOR DE LA AUTORIDAD I

LA AUTORIDAD MORAL

La fuerza de la autoridad se halla en la autoridad moral, conquistada no por decretos o investiduras externas, ni mucho menos por imposiciones o castigos, sino por la coherencia entre el decir y el hacer, entre el hacer y ser. La autoridad moral no puede ser fabricada ni exigida. Es el resultado de un proceso interior en quien detenta la autoridad, por el cual él mismo lucha por los valores que desea transmitir. Y un proceso interior en quien es conducido, por el cual experimenta la irradiación de esa encarnación y se despierta en él mismo la voluntad de plegarse a tales valores. La autoridad no esta en primer lugar para mandar, organizar, coordinar, sancionar o controlar. Su primer papel es el de encarnar un ideal y conducir hacia él mismo. La fuerza motriz para el cumplimiento de tal papel es la actitud de servicio, la actitud paternal. La autoridad interior se basa en el servicio desinteresado a la vida ajena. La autoridad exterior sin la correspondiente autoridad interior jamás educará ni podrá formar verdaderas comunidades. “El Papa Juan XXIII” señalaba la importancia de la autoridad moral como energía que despierta la participación de todos en la gestión del bien común: "La autoridad que se funda tan sólo o principalmente el la amenaza o en el temor de las penas o en la promesa de premios, no mueve eficazmente al hombre en la prosecución del bien común; y aún cuando lo hiciere, no sería ello conforme a la dignidad de la persona humana, es decir de seres libres y racionales. La autoridad es sobre todo una fuerza moral; por eso los gobernantes deben de apelar, en primer lugar, a la conciencia, o sea, al deber que cada cual tiene de aportar voluntariamente su contribución al bien común de todos." Cuando la autoridad sólo interviene para ordenar, mandar exigir, es una autoridad interesada en afirmar sus propios derechos, y crea rechazo. De parte de la autoridad, desde que recibe el cargo, es su deber tratar de conquistarse la autoridad moral. Una autoridad que solo se ejerce como autoridad formal , merece ser obedecida porque es autoridad, pero nunca podrá cumplir su meta, nunca será fecunda. Será una autoridad que será obedecida a desgana, por obligación, nunca voluntariamente. Solo la autoridad moral puede ganarse por el servicio desinteresado a los demás, el derecho a ser obedecida con buena voluntad y a recibir la cooperación y la adhesión de sus subordinados.